Por la Lic. María A. Zuccotti
Cecilia está en su casa, se aburre, mira la tele, intenta tejer...
Vive sola desde hace bastante tiempo.No recuerda cuanto!
De a poco fue perdiendo las ganas de salir,de arreglarse, de cambiarse...
Ante el llamado de sus amigas primero simulaba estar enferma, luego les decía que tenía cosas que hacer, hasta que llegó a no atender el teléfono para no enfrentarlas. Con el tiempo dejaron de llamarla.
Su familia se enojaba porque con frecuencia faltaba a los encuentros.
Su vida era: ir a trabajar, hacer las compras y regresar a casa.
Ella decía con frecuencia: "nadie entiende lo que me pasa, no tengo ganas!"
Pensaba que al estar cerca de los 60 años ya no tenía mucho por hacer y expresaba:"a esta edad, qué puedo hacer?, ya está, ya viví"
Todos estos pensamientos negativos, recurrentes, desvastadores, faltos de energía y de esperanzas la sumían cada vez más en el encierro y sobre todo, en el silencio.
El silencio... en su caso, peligroso instrumento que la llevaba día a día a la desesperanza y a la falta de comunicación con los otros y con ella misma.
Estaba inmersa en un círculo vicioso difícil de romper
Poder pedir ayuda, aceptar muchas veces que no podemos solos cambiar situaciones como estas, es el primer gran paso.
Se puede. Hay muchas Cecilias cerca nuestro, que, quizá no ven que poco a poco se sumergen en este círculo tramposo de la abulia (falta de voluntad,)
Ayudémoslas a que puedan pensar y sentir que se puede! y que puedan decir: "Vamos, estoy lista". |