14
de febrero del 2010.
Los chicos de 1 a 5 años, cada vez más
sobreexigidos
Aumentan las consultas
por problemas de crianza
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directo al sitio web de diario popular. http://www.popularonline.com.ar/nota.php?Nota=444845&fechaEdicion=2010-02-16%2000:00:00
El 72% de las familias “disciplina”
a niños
pequeños con chirlos,
gritos y amenazas
Por NATALIA MUÑIZ
Castigos corporales, donde se incluyen los
chirlos y cachetadas, gritos, frases negativas
(“sos un nene malo”, “ya no
te quiero”) y amenazas (“vas a ver
cuando llegue tu papá”) siguen
siendo aceptadas por muchos padres/madres como
recursos para disciplinar a los hijos/as, quizá
repitiendo modelos con los que ellos fueron
criados, pero sin considerarlos como lo que
son: maltrato.
A pesar que corrió agua bajo el puente,
aún muchos padres/madres piensan que
un chirlo “corrige”, una cachetada
“educa”, que de un grito “se
aprende”. Si bien, esos métodos
pueden resultar efectivos en ese momento (el
niño/a hace o deja de hacer lo que el
adulto/a le dice), los especialistas aseguran
que de esa forma sólo se le enseña
al menor a responder con violencia, nerviosismo
y desborde frente a los problemas.
“Para disciplinar no se necesitan golpes
ni decir barbaridades, además está
prohibido por ley pegar y maltratar a un niño/a;
pero todavía está la creencia
social que un chirlo o una cachetada no es del
todo incorrecto. Los padres fueron criados de
esa forma y repiten el modelo, que pasa de generación
en generación. Pero en realidad es maltrato,
deja miedo y mucho dolor en los hijos/as”,
manifestó la psicóloga
Sonia Almada, directora de Aralma Centro Asistencial
y Formación en Salud Mental, www.aralma.com.ar
También la profesional señaló
que el maltrato es un acto de discriminación,
“en este caso porque los niños/as
son vulnerables, no se pueden defender”.
Al respecto ejemplificó: “Ese papá
o mamá no le está pegando a un
adulto, no es al compañero/a de trabajo
porque sabe que se la puede devolver, y en todo
caso, un jefe/a no le pega un chirlo a un empleado/a
para llamarle la atención. Entonces ¿por
qué a un niño sí? Y la
respuesta es porque es absolutamente vulnerable”.
Una investigación realizada por Aralma,
en base a encuestas a 375 padres/madres de niños/as
de entre 1 a 5 años, en la Ciudad de
Buenos Aires y el Conurbano bonaerense, reveló
que el 72,3 por ciento utiliza castigos corporales
-chirlos y cachetadas-, frases negativas y gritos
para “disciplinar” a los hijos/as.
Al respecto se destacaron algunas respuestas:
padre/madre de un niño/a de 3 años
y 4 meses, “cuando mi hijo/a hace un berrinche
le pego en la cola”; padre/madre de un
niño/a de 4 años y 1 mes, “le
digo a mi hijo/a que es malo/a”; padre/madre
de un niño/a de 2 años y 11 meses,
“le grito a mi hijo/a cuando tira la comida”.
Asimismo se destacó que el 83,5 por ciento
de los padres/madres tiene expectativas por
encima del promedio de lo que sus hijos/as pequeños
pueden realizar, esperan que resuelvan situaciones
difíciles y a veces imposibles para la
edad. Entre las respuestas se ejemplificaron:
padre/madre de niño/a de 1 año
y 2 meses, “mi hijo/a debe ser capaz de
ir al baño sin ayuda”; padre/madre
de un niño/a de 3 años y 8 meses,
“mi hijo/a debe estar tranquilo cuando
converso con otras personas”.
En tanto, el 91,5 por ciento de los padres/madres
implementan pocas prácticas de crianza
positivas, como leer un cuento y responder a
las preguntas del hijo/a, ir de paseo a la plaza
o a un espectáculo.
Almada comentó que la investigación
fue realizada dado un “notable aumento”
de pedidos de tratamiento de padres/madres con
niños/as muy pequeños por problemas
de conducta.
“Antes, las consultas eran por chicos
de 6 años en adelante, por problemas
de aprendizaje, conducta en escuela y hogar,
y psicopatológicos -no controlan los
esfínteres, entre otros-. Pero en los
últimos años empezamos a notar
una gran cantidad de consultas en relación
a niños de 1 año y medio, 2, en
adelante”, señaló la profesional.
Entre los casos más comunes se encuentran
chicos/as que hacen berrinches, no aceptan las
reglas ni en el jardín ni en la casa,
no aceptan un “no” como respuesta,
al decirles “no” se golpean, manifestándose
una intolerancia a la frustración.
“Vemos una conducta de desborde familiar.
Ante un problema o un ‘no’, el chico/a
hace un berrinche, el adulto/a grita, el chico/a
sigue gritando, el padre/madre se enloquece,
se arma toda una escalada de violencia que termina
con una cachetada y el nene/a llorando. No se
solucionó nada, queda como que papá/mamá
ganó, cuando acá no se trata de
ganar ni perder sino de educar”, señaló.
“Resultados asombrosos”
La psicóloga explicó que en la
investigación se trabajaron tres ejes:
las expectativas de los padres/madres respecto
de los hijos/as; cómo implementan disciplina;
las pautas de crianza.
“Los resultados fueron asombrosos. La
mayoría disciplina con golpes y amenazas,
no sólo se ve el chirlo -que es lo más
común-, sino también frases negativas
como ‘no te voy a querer más’,
‘sos malo/a’ y quizá porque
se le cayó el jugo. Y más allá
de lo que haga, que un chico tan pequeño
escuche que ‘es malo’ es muy doloroso”,
indicó.
Asimismo la profesional destacó que “en
el orden de las creencias, los padres/madres
esperan que su hijo/a pequeño resuelva
situaciones muy difíciles para la edad;
por ejemplo, que al dejar los pañales
vaya solo/a al baño, lo que implica ir
al baño, subirse al inodoro, hacer sus
necesidades, limpiarse y apretar el botón.
Otra situación es que beba sin que se
le caiga el jugo”.
Al respecto, Almada remarcó que “con
la investigación intentamos mostrar socialmente
que las quejas hacia los niños ‘difíciles’
es porque hay padres/madres con este estilo,
que no tienen tiempo para dedicarle a los niños/as,
que no utilizan pautas de crianza positivas,
pero los sobreexigen desde pequeños y
esa sobreexigencia en algún momento explota
conductualmente en la infancia y luego vuelve
a rebrotar en la adolescencia”.
Pautas de crianza
“Para disciplinar no se necesitan golpes
ni decir frases amenazantes -remarcó-
sino pautas de crianza positivas: estar atento
a lo que le pasa al chico/a y no sobreexigir,
saber lo que el niño/a puede hacer a
esa edad y que va a ir aprendiendo las cosas
por imitación, como todos los chicos/as,
porque primero se aprende del padre/madre por
imitación”.
En este punto, recordó que en una sesión
“un niño de 4 años empezó
a pegarle a un oso de peluche. Al preguntar
por qué lo hacía, responde ‘así
aprende para cuando sea grande’. ‘¿Y
quién dice eso?’. ‘Mi papá
cuando me porto mal’. En un principio,
los chicos/as aprenden por imitación.
Si un padre/madre pega para disciplinar (donde
están incluidos los cachetazos y chirlos,
que para muchos es una tontería pero
no lo es) marca el maltrato con que cría
a los hijos/as y enseña a maltratar.
Es una cuestión cultural: ese chico/a
va a terminar siendo un adulto/a maltratador,
es un círculo que nunca termina si uno
no logra cortar con ese modelo”. Y si
bien es difícil desaprender una forma
de crianza, no es imposible y vale la pena intentarlo.
Recuadro: Es fundamental mantener la calma
http://www.popularonline.com.ar/nota.php?Nota=444847&fechaEdicion=2010-02-16%2000:00:00
La psicóloga Sonia Almada destacó
que ante el berrinche de un chico/a es fundamental
que el adulto/a no pierda la calma porque sino
comienza una escalada de violencia verbal y/o
física, donde todos pierden y no se soluciona
ni se enseña nada.
“Quien guía es el adulto, por eso
frente a la situación que se tenga que
llevar a un niño a la calma -por ejemplo,
un berrinche-, el consejo es que el adulto se
calme primero. Y si el padre/madre está
molestó por algo, se calme y tome cinco
minutos para valorar qué lo puso así,
porque a veces los adultos se enloquecen por
cosas muy pequeñas -por ejemplo, si el
nene tiró el jugo- pero, en realidad,
están molestos por otras cosas”
y se descargan con el chico, explicó.
“Un chico puede hacer berrinche o brotarse,
enloquecerse, romper cosas, porque el adulto
está enloquecido y porque en alguna o
varias oportunidades lo vio actuar de la misma
forma, sino es imposible”, destacó
la profesional.
Asimismo, indicó que si el adulto se
pone nervioso y se enloquece “se arma
una escalada de violencia muy fuerte: el padre
se brota, el chico trata de defenderse y grita,
el padre grita más, le pega una cachetada
y termina el chico llorando”.
Adoptando esa actitud aseguró que “no
se soluciona nada”, cuando el tema pasa
“por enseñarles a los hijos comportamientos
adecuados a la salud mental de todos, porque
ese nene luego va al jardín y le pega
a otro, la maestra lo reta y llama a los padres,
quienes no pueden creer por qué el chico
se porta así y hay que revisar qué
le pasó antes”, cómo se
solucionan los problemas en la casa.
Recuadro: Las cifras
http://www.popularonline.com.ar/nota.php?Nota=444846&fechaEdicion=2010-02-16%2000:00:00
Una investigación realizada por Aralma
Centro de Asistencia y Formación en Salud
Mental reveló que:
.- El 83,5 por ciento de los padres/madres de
niños/as pequeños tiene expectativas
por encima del promedio de lo que sus hijos/as
pueden comprender y realizar. Esperan que resuelvan
situaciones difíciles y a veces imposibles
para la edad.
.- El 72,3 por ciento de los padres/madres utiliza
castigos corporales (chirlos, cachetadas) y
frases negativas, amenazantes y gritos para
“disciplinar” a sus hijos/as.
.- El 91,5 por ciento de los padres/madres utiliza
pocas prácticas de crianza positivas,
como leer un cuento y responder a las preguntas
del hijo/a, ir de paseo a la plaza o ver un
espectáculo.
El perfil
Los datos surgen de encuestas a 375 padres de
ambos sexos (252 mamás y 123 papás)
de niños entre 1 a 5 años, de
hogares de nivel socio económico medio
y medio alto de la Ciudad de Buenos Aires y
el Conurbano bonaerense, y se destacó
que:
.- Ya no se notan diferencias de sexo: los pedidos
de asistencia por problemas de conducta fueron
para 187 niñas y 188 niños.
.- En la mayoría de los casos, los padres
están casados.
.- La edad promedio de los padres/madres es
de 32 años.
.- El 44,7 por ciento de los padres/madres tienen
estudios universitarios; el 41,8 por ciento,
estudios técnicos o medios; el 13,5 por
ciento, estudios secundarios.
.- El 77,8 por ciento son padres/madres que
trabajan fuera del hogar; el 22,2 por ciento,
padres/madres que se ocupaban del hogar.
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